martes, 14 de febrero de 2017

¿Cómo era él?




Estaba ahí antes. No obstante, era una de esas personas que forman parte de la ornamentación de los recuerdos. De esas que no estás segura de si estuvieron o no en momentos concretos, pero sabes que solían encontrarse en la tramoya de las escenas diarias.

Si me hubieran sentado fuera de alguna de las secuencias, para comentar el cortometraje, y me hubieran pedido que lo mirara, que dijera rápidamente, impulsivamente, lo que se me viniera a la cabeza de este personaje baladí ¿qué hubiera dicho?

Mmmm...  Me hubiera mordido el labio y hubiera mirado hacia algún punto en el techo situado a mi izquierda. Un amigo psicólogo me dijo una vez que es donde suele mirar la gente cuando tira de la imaginación, más que del conocimiento, a la hora de describir un hecho.

“Es una persona atractiva. Tiene rasgos agradables y claramente locales. Uno ve atributos de la zona en el diseño de sus ojos, su dentadura, la forma de su cara y la complexión de su cuerpo. Robusto. Su sonrisa es bonita. Sus ojos sinceros. Directo en sus palabras. Cercano con su mirada. Transmite carisma, pero no uno demasiado evidente. No de esos que llenan la sala, sino un elemento de esa sumatoria que hacen que el recuerdo esté más lleno de sonrisas y brisa familiar.”

Pero un buen día todo cambió, y este sujeto secundario, pasó a ser protagonista.

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